Testimonio: Cuando la memoria tiene borrones

“Mi mujer y mis hijos todavía no se creen que yo tenga Alzheimer”, explica Carlos. Hace apenas tres años le diagnosticaron esta enfermedad (ahora tiene 67), pero, por sus síntomas, él ya lo sospechaba. “Nunca me ha hecho falta tomar apuntes en las reuniones de trabajo”, asegura. Sin embargo, empezaba a olvidar algunos detalles, “hasta tal punto que me comprometía a realizar una serie de gestiones y a mí, no es que se me olvidara, es que se había borrado de mi memoria. Cada día avanzaba más”. Esto es lo que le llevó a tener que llevar ordenador y anotar todos los puntos del día en su lugar de trabajo.

Empezaron a realizarle pruebas. Una de las primeras, con la psicóloga, la recuerda perfectamente. “Ella me dijo tres palabras: bicicleta, cuchara y manzana. Me advirtió que me las preguntaría más adelante. A los cinco minutos lo hizo y, efectivamente, no pude decírselas”. Él se lo esperaba, pero aun así, “la noticia fue un mazazo”, reconoce. Siempre había tenido una memoria privilegiada y una gran capacidad de superación. “Monté un grupo de cinco empresas dedicada a la logística de educación en la gran mayoría de las comunidades autónomas para atender las necesidades de los centros educativos y gestionar las compras de la administración (pupitres, libros, mesas, etc.). Era capaz de recordar hasta 600 códigos de estos artículos que manejábamos en las compras”.

Carlos tenía todo planificado. Pretendía jubilarse pronto, viajar con su mujer y ver cómo sus hijos continuaban llevando la empresa a la que él había dedicado 28 años de su vida. “Quería irme pronto, pero no así”. Al igual que en los negocios, “en la vida, unas veces te va bien y otras mal. Considero que he sido un hombre muy afortunado y es ahora cuando llegan los malos momentos”. Tanto es así que “hay días en los que me cuesta levantarme”. Sin embargo, como él mismo se describe, es un hombre con mucha fuerza de voluntad. “Trato de mantenerme ocupado todo el día, con ejercicio, talleres de psicoestimulación, leo el periódico y me entretengo mucho con el ordenador”.

También ha pensado mucho en otra cuestión que le preocupaba. “He leído mucho sobre los cuidadores de Alzheimer, cómo lo pasan, qué sacrificios tienen que hacer y yo no quiero que eso lo tenga que hacer ni mi mujer ni mis hijos”. Para evitarlo y proteger a su familia, Carlos ha realizado un testamento vital para que cuando necesite apoyo o ayuda de otras personas le ingresen en un centro residencial especializado. “Ellos no tienen la culpa de que yo tenga Alzheimer”.

¿A dónde va la investigación de Alzheimer?

“Los cuidadores, los enfermos y las familias están muy desilusionados con los resultados de la investigación de esta enfermedad”, según los expertos de la Fundación Alzheimer España (FAE). “No hay a la vista ningún medicamento capaz de tratar la enfermedad definitivamente”, afirma Jacques Selmès, secretario de la Fundación Alzheimer España y ex presidente de Alzheimer Europe.
Se están desarrollando más de 700 ensayos clínicos en el mundo, 227 en Europa y 35 en España. Sin embargo, los avances son muy pequeños porque “tienen que enfrentarse a varios obstáculos y dificultades a la hora de realizar estudios”. De hecho, aseguran los especialistas, “considerar que en un plazo de 10 años se pueda lograr un tratamiento definitivo de la enfermedad es una consideración bastante optimista”.
De momento, “ni hay medicación ni técnicas de detección precoz”, sentencia Selmès. Lo único que se sabe es que hay factores de riesgo (hipertensión, obesidad y diabetes) y de protección (alimentación) sobre los que sí se podría actuar para retrasar los signos clínicos del Alzheimer. Así que, tal y como recomiendan desde la Fundación, “hay que rechazar las ofertas de tratamientos ‘milagrosos’, especialmente en internet o propuestas de empresas, cuya única finalidad es lucrarse a costa de la credulidad de los enfermos”.

Fuente: EL MUNDO.ES. Laura Tardón, Madrid, 2 de marzo de 2011

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