Koldo Aulestia, presidente de CEAFA, Premio al Voluntariado 2014

Koldo Aulestia, premio Voluntariado

“Con el alzhéimer descubrí la verdadera solidaridad, la que nos hace comprometernos con quien lo sufre”

Koldo Aulestia (Ondarroa, 1948) se prejubiló para dedicar su vida a luchar contra el alzhéimer. Hoy lidera esa batalla al frente de la Confederación Española de Asociaciones

ANA ÚRSULA SOTO JAVI COLMENERO

DONOSTIA – El diputado de Política Social, Ander Rodríguez, destacó, al anunciar que Koldo Aulestia recibirá hoy, jueves, el Premio al Voluntariado 2014, el “compromiso social firme” del presidente de la Asociación Guipuzcoana de Familiares y Amigos de Personas con Alzheimer y otras Demencias (Afagi). “Está dedicando su tiempo y su vida a trabajar, de manera voluntaria, por mejorar el bienestar de las personas con alzhéimer y para hacer de Gipuzkoa un territorio más solidario, más responsable con las personas mayores y con mejores servicios públicos para todas y todos”, recalcó. Todo un “guipuzcoano solidario”.

Zorionak! Le han distinguido con el Premio Voluntariado 2014 por ser un “ejemplo inmejorable de los valores del voluntariado y el asociacionismo”. Casi nada.
-Yo no soy muy partidario de estas cosas, pero considero que premiarme a mí supone directamente reconocer a otros tantos voluntarios que estamos trabajando en torno al alzhéimer. A mí me toca representarles, pero yo soy un privilegiado por disponer de tiempo; otros, en cambio, harán más esfuerzo que yo porque disponen de menos tiempo y a pesar de ello están dedicándose a esto.

Sí, pero en este caso el premio es a Koldo Aulestia, aunque otras veces se dé a una asociación.
-Lo que más me ha impactado es que la decisión se haya adoptado por unanimidad y, sobre todo, porque lo eligen compañeros de otras asociaciones.

Ha comentado que este es un premio para todos los que trabajan con el alzhéimer. ¿Cuántos componen Afagi?
-El año pasado se movilizaron unas 150 personas. Nosotros tenemos cuatro campos de voluntariado: acompañamiento a las familias (respiro); otro es para eventos concretos, como campañas de sensibilización; voluntarios que se comprometen a venir a la oficina días concretos a echarnos una mano; y luego están los que hacen voluntariado de gestión, los que formamos parte de la junta y los miembros de los comités comarcales que se preocupan de cómo abordar la problemática del alzhéimer en su territorio.

¿En qué ámbito cuesta movilizar más a la gente?
-En el de apoyo a la familia, porque las propias familias somos reacios a admitir “extraños”. Todavía nuestra cultura nos hace difícil esa apertura de la casa. Por otra parte, también es más difícil que la gente se ofrezca a este tipo de voluntariado, porque si han sido cuidadores, esto les trae recuerdos y prefieren hacer otro tipo de apoyo a la asociación.

Usted mismo ha pasado por esa misma situación con sus padres. Pero, ¿cuándo comenzó su labor en este ámbito solidario?
-Bueno, empecé con 16 años, cuando en Herrera se creó un grupo y solíamos ir a lo que era el hospital del Torax (edificio Amara del Hospital Donostia), donde había personas, incluso jóvenes que fallecían. Estábamos un rato con ellos, cantábamos, les hacíamos festivales… A lo largo de la vida he estado implicado en distintos ámbitos culturales, deportivos… Han sido muchos años de solidaridad, pero lo que verdaderamente me transformó y me hizo dar un vuelco a mi vida fue cuando tuve la vivencia con el alzhéimer. Eso me hizo cuestionarme muchas cosas, me marcó un antes y un después y por eso, cuando ya tenía 60 años y tuve la posibilidad de negociar mi rescisión de contrato laboral (la empresa me ayudó muchísimo), lo hice y dije:Ya basta de trabajar, quiero dedicarme al mundo del alzhéimer.

¿Por qué?
-Descubrí la verdadera solidaridad, la que sale del corazón, que no se limita a tener pena o compasión, sino esa solidaridad que hace que seamos cómplices y que nos comprometamos con las personas que están padeciendo situaciones como el alzhéimer. El cuidado de una persona con alzhéimer se basa en el amor y eso sale desde dentro.

Desde 2003 es presidente de Afagi. ¿Cómo se ha notado su mano en la gestión de la asociación?
-Empecé a trabajar en la asociación en el año 2000 y en 2003 asumí la responsabilidad de liderar el proyecto, de transformarla. Las asociaciones comenzaron con un problema familiar y ahora mismo el tema de la demencia es un problema sociosanitario de primera magnitud, por eso tenemos que dar una respuesta integral. Para ello hay que prepararse, sin dejar de reivindicar la raíz, y generar sinergias positivas que nos lleven a afrontar la gran incidencia que va a tener la demencia. Hemos tenido que incorporar conocimientos y enfocar el día a día de la asociación, no solo con la sensibilidad de una ONG, sino también incorporando técnicas de gestión que desde hace años llevan poniendo en práctica en las empresas.

Y todo eso, ¿en qué se traduce?
-En los últimos cuatro años hemos podido abordar la atención a un 50% más de personas sin cambiar la estructura, con el mismo número de voluntarios y profesionales. Eso se consigue remodelando el modelo de gestión.

También es presidente de la Ceafa. ¿Ha trasladado esas mismas ideas a la organización de la Confederación española de asociaciones de alzhéimer?
-Fue uno de los motivos por el que, en el Congreso sobre el alzhéimer de 2012 en el Kursaal, me propusieron para liderar Ceafa en los siguientes tres años. Han pasado dos y estoy satisfecho porque hemos podido avanzar dando pasos. Uno de los logros importantes es que la Administración central ha dado el primer paso para poner en marcha el grupo estatal de demencias, que ya se ha reunido dos veces, y en el que estamos diseñando una hoja de ruta con participación de distintos colectivos que convivimos con el alzhéimer.

¿Con el objetivo de conseguir una política de Estado?
-Sí, al final es dar una respuesta integral a este problema sociosanitario enfocándolo en cuatro bloques: los servicios sociosanitarios, la formación de cuidadores; la investigación como inversión de futuro; y aspectos jurídicos y económicos que influyen en los familiares.

Desde Ceafa verá las diferencias territoriales. ¿Cómo está Gipuzkoa respecto a otras comunidades?
-Tenemos carencias, pero estamos en un territorio privilegiado. Yo me siento cómodo, hay entendimiento. La crisis nos ha tocado a todo el mundo. De todas formas, tenemos que seguir avanzando.

Por concluir, ¿de quién se ha acordado cuando le comunicaron el premio?
-De todo el mundo. De todas esas personas que he ido conociendo y que, de manera altruista, han dedicado sus minutos a un acto social, cultural, sin esperar nada a cambio. Y sobre todo de mis padres, de Joseba y Jero, porque han marcado un antes y un después, son los que me han trasmitido ese cariño. Siempre cuento la misma anécdota, mi aita era un hombre duro de la mar y, yo no recordaba de pequeño cuándo me había hecho caricias. Sin embargo, cuando le tocó la demencia, me comía a besos y yo, con 57 años, alucinaba. Eso fue algo impresionante. También me acuerdo de mis nietos, cuando me preguntan que cuándo voy a dejar de viajar para tener más tiempo con ellos.

Información recogida aquí

 

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