Familias cuidadoras de personas mayores: claves para el ‘buen cuidar’

En España las personas mayores en situación de dependencia son cuidadas mayoritariamente por sus familias, fundamentalmente por las mujeres de éstas. El último informe oficial sobre el seguimiento del desarrollo de la Ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia (IMSERSO, Septiembre 2010), señala de nuevo que las preferencias, a pesar del propósito inicial de la norma de priorizar los servicios, se decantan por las prestaciones económicas para cuidados familiares (58,2%).

Lo que las personas mayores declaran en relación a cómo quieren ser cuidadas es claro. La Encuesta Personas Mayores 2010 ofrecen el dato de que el 87 % de las personas mayores prefieren vivir en su casa, aunque sea viviendo solas. Quieren seguir viviendo en casa, incluso cuando necesitan ser cuidadas. Y aunque la tendencia muestra una progresiva aceptación del cuidado profesional, hoy por hoy, la mayoría de personas mayores desean ser cuidados por su familia (63,5 %).

Pero cuidar en casa, es cosa, al menos, de dos. Y la aceptación de las familias con frecuencia surge y se expresa desde la ambigüedad. Cuidar a los mayores parte, al menos en nuestra cultura, de una obligación moral, lo que suele provocar en las familias afectos encontrados: el cariño, el sentimiento de cumplir un deber de reciprocidad, la pena, las renuncias personales, el enfado, el sentimiento de culpa … A esta común situación de ambivalencia, pueden añadirse circunstancias adversas como la falta de recursos económicos o las limitaciones en la salud del propio cuidador (muchos son sus parejas, también mayores).

De hecho, desde hace ya décadas distintos estudios vienen señalando los efectos negativos que cuidar de forma prolongada podía tener para quien asume este cometido. Y tampoco podemos dejar de reconocer que no siempre el cuidado familiar es posible, así como el hecho de que el maltrato, aunque afortunadamente no es algo habitual, es un fenómeno estrechamente asociado al estrés del cuidador.

Ante esta compleja realidad social donde conviven vivencias dispares
¿por qué apostar?, ¿qué proponer?

En primer lugar, considero que las alternativas deben ser diversas y flexibles porque las situaciones de cuidado son diferentes y además cambian. Pero, no obstante, no podemos dejar de reconocer que hoy día las familias son la alternativa real para permitir la permanencia en el hogar de las personas mayores. Las familias siguen siendo necesarias aunque la persona mayor cuente con servicios de apoyo profesional en el domicilio o acuda a un centro de día. Dejar de apoyar el cuidado familiar, impulsando una mayor institucionalización de los mayores dependientes, iría en contra de la opinión ciudadana y de la evidencia científica que ha demostrado por un lado los beneficios de envejecer integrado en el contexto habitual de vida y desaconseja el ingreso en residencias si ello ocasiona desarraigo personal y social.

Autora: Teresa Martínez Rodríguez, psicóloga experta en Gerontología Social
Fuente: EM Periódico especializado en las personas mayores, los profesionales y las empresas del sector. 8 de septiembre de 2010
www.entremayores.es

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