Delfín – Bajamar ¡Pena, penita…… pena!

Daniel Redondo Rojas

Me gustaría pensar, y estar en lo cierto, que nuestro queridísimo y –desde siempre– útil, Excmo. e Ilmo. Cabildo Insular de Tenerife (lógicamente me refiero a la pléyade de eficaces políticos y eficientes funcionarios que lo dirigen), cuyo buen hacer en beneficio de todos sus administrados, ha quedado patente a lo largo de su dilatada historia, no se ha equivocado –esta vez– en la gestión de sus recursos y en la asignación de las ayudas económicas a centros de Asistencia Socio-sanitaria.
Y va dirigido este artículo, a los responsables del Área de Asuntos Sociales y Salud.

Hace algunos días, unos quince aproximadamente se hacía público a través de los distintos medios de comunicación (prensa, radio y televisión), que el primer centro privado de España, de atención a enfermos de Alzheimer, Delfín-Bajamar, situado en San Cristóbal de La Laguna, cerraba sus puertas apenas dos años después de su inauguración (a la que asistieron, entre otros, el Presidente de la Comunidad Autónoma, el Presidente del Cabildo, una Diputada del Congreso, la Consejera de Asuntos Sociales del Gobierno Autónomo, un concejal del Ayuntamiento de La Laguna en representación del Alcalde, los Alcaldes de La Victoria y el Sauzal, numerosos periodistas, y un sinfín de ilustres invitados …). Y el referido centro cerraba, señores míos, por falta de apoyo institucional.

No hubo quien prestara ayuda a un centro modélico, pionero en España, donde el usuario –interno o de asistencia diurna– era tratado con la dignidad que toda persona merece, con la aplicación de las técnicas, cuidados y terapias más actualizadas en este campo de la medicina, y con la total dedicación de un personal escrupulosamente elegido al efecto, para el desarrollo de esa actividad profesional.

En Canarias existe –ahora mismo– una lista de espera de más de dos mil enfermos de Alzheimer, sin posibilidad de ingreso en residencia alguna por falta de plazas. En el Delfín-Bajamar, existía una oferta de ciento veinte plazas, de las cuales estaban cubiertas diecinueve. Huelga decir que aquel centro, que contaba con una plantilla de veinticuatro trabajadores (hoy en demanda de empleo), y con los gastos de mantenimiento propios de una instalación, a medio camino entre un hospital especializado y un hotel (valga el símil, para entendernos), no podía ser sostenible, sin tener cubiertas –al menos– un treinta y cinco por ciento de sus camas. Cualquiera de las administraciones, Gobierno Autónomo, Cabildo, Ayuntamiento, podía haber transferido al Delfín-Bajamar, desde la lista de espera, una veintena de usuarios (afectados de Alzheimer). De haber sido así, el centro continuaría abierto, prestando un servicio inestimable a la sociedad isleña.

Hasta aquí, amigos lectores, llega el primer dato de este curioso caso que les expongo, por si alguno de ustedes fuera capaz de arrojar alguna luz, que permitiera dilucidar este aparente galimatías, del cual no consigo sacar nada en claro, y que por prudencia, no me atrevo a juzgar ni a calificar.

Tres o cuatro días después del cierre del Centro Delfín-Bajamar, la prensa hace público que el Excmo. e Ilmo. Cabildo de Tenerife, destina medio millón de euros (500.000 euros), al Club Deportivo Tenerife (fútbol).

Habrán de perdonarme que recurra a la ironía, salpimentando el artículo de bien humorada intención. ¿Se habrá propuesto el Cabildo terminar con el problema del Alzheimer, y de otras enfermedades, invirtiendo generosamente y aplicando con rigurosidad aquella antigua máxima de mens sana in corpore sano?, o lamentablemente “se les habrá ido el baifo”, anteponiendo el populismo al remedio de algunos males que –hoy por hoy– atenazan cruelmente a nuestra sociedad, provocando dolorosas heridas en el tejido familiar, que como todos sabemos resulta ser –a la par– el tejido conjuntivo de nuestro sistema social.

Artículo publicado aquí

 

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