Alzheimer y olvidar cómo moverse

Es sabido que la Enfermedad de Alzheimer provoca un progresivo y lento deterioro de las capacidades cognitivas: memoria, atención, concentración, comprensión, etc., lo que quizá no es tan conocido, sobretodo por quienes no han tenido en su entorno cercano a un enfermo de alzhéimer, es el hecho de que, paralelamente al citado deterioro cognitivo, se produce también una alteración de las capacidades físicas, igualmente progresiva e incapacitante.

(Artículo del fisioterapeuta de AFATE en el Centro de Día Terapéutico “Josefa Molina”, J. Salvador Hernández González, colegiado 465, y que fue publicado el pasado día 22 de Junio en el cuadernillo especial central sobre Salud en el periódico El Día)

La incapacidad física, no es tan evidente para el cuidador -sobretodo en los estadios iniciales de la enfermedad- como si lo son otros síntomas como los despistes, olvidos o extravíos de objetos, que la mayoría de familiares refieren como primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer. De hecho, al principio, la alteración de las capacidades físicas es tan sutil, que puede confundirse o camuflarse bajo la normal disminución de las capacidades asociadas a un proceso de envejecimiento.

Pero pasemos sin más preámbulo a describir, a “grosso modo”, qué señales de deterioro físico podemos encontrar en cada estadio de la enfermedad -vaya por delante aclarar, que la velocidad a la que avanza el deterioro de las capacidades físicas y cognitivas es distinta en cada persona, aunque compartan un mismo diagnóstico de enfermedad de Alzheimer o alzhéimer-.

ESTADIO LEVE

En este estadio, los familiares perciben una disminución en el rendimiento en actividades habituales, dificultad para recordar palabras o nombres o incluso olvido de hechos cotidianos o recientes; a nivel físico únicamente se puede apreciar un leve aumento de la base de sustentación (separan más los pies al ponerse de pie), para compensar un incipiente déficit de equilibrio y un ligero abuso en el uso de los brazos en los apoyos para levantarse de una silla, así como una subjetiva disminución de la iniciativa para moverse o realizar ejercicio. Por tanto, nada que a priori pueda condicionar la independencia, sin entrar a considerar que pueda haber o no patologías físicas asociadas.

Sin embargo, esos pequeños trastornos son, como veremos a continuación, el germen del deterioro de las capacidades físicas más fácilmente observables en el estadio moderado.

ESTADIO MODERADO

Cuando ya son evidentes los déficits en capacidades cognitivas que hacen necesario aumentar la supervisión de los familiares sobre la persona enferma, comienzan a aparecer los primeros signos de deterioro físico que pueden condicionar la autonomía. Esto no se va a deber a la afectación de las capacidades físicas en si, al menos en un primer momento, sino a la afectación de los mapas de movimiento normal que todos tenemos grabados en nuestro cerebro. A la hora de levantarnos de una silla, todos realizamos una secuencia de movimientos que nos llevan de manera “automática”, con permiso de nuestra voluntad por supuesto, desde la posición de inicio “sentado” a la posición final “de pie”. Igual ocurre con los movimientos de darnos la vuelta acostados, incorporarnos de la cama o caminar, patrones de movimiento aprendidos durante el desarrollo psicomotor.

Pues bien, en este estadio de deterioro moderado, el cerebro de la persona con enfermedad de Alzheimer tiende a saltarse pasos de las secuencias de movimiento. Este hecho se agrava porque el cerebro ya no va a ser tan capaz de compensar ese fallo en el patrón de movimiento, con lo que la autonomía va a verse mermada paulatinamente. Podemos experimentar un claro ejemplo de la importancia de cada uno de los pasos de un patrón de movimiento, si intentamos levantarnos de una silla sin recoger adecuadamente nuestros pies hacia atrás.

Junto con el deterioro de los patrones de movimiento, en este estadio moderado hace su debut otro síntoma cuya progresión también ira condicionando cada vez más la autonomía física.

Se trata de la rigidez neurológica, que podría definirse como la pérdida del equilibrio que existe en el grado de contracción de base (tono muscular) que tienen un músculo y el que realiza la acción contraria. Esto hace que los grupos musculares más fuertes, generalmente los flexores se vayan contrayendo y acortando, limitando cada vez más los recorridos articulares y con ellos la libertad de movimiento del sujeto.

Hay que tener en cuenta además, que la progresión del deterioro de las capacidades cognitivas habrá venido produciendo a su vez una disminución en la iniciativa para moverse, así como pérdida de intencionalidad funcional de los movimientos, es decir, que como la comprensión del entorno ya está alterada, lo está también la capacidad de moverse para adaptarse a él.

Este continuo proceso de deterioro físico desemboca lentamente en la total dependencia primero funcional y luego física, que encontraremos en el estadio grave.

ESTADIO GRAVE

En este estadio hay a nivel cognitivo una importante merma de todas las capacidades verbales, además de apraxia, amnesia y agnosia. La movilidad voluntaria irá quedando cada vez más reducida, hasta limitarse sólo a respuestas automáticas a estímulos, como rascarse con la mano, huir o protegerse cuando se lanza un objeto u orientar la cabeza hacia un estímulo.

A lo largo de todo este proceso, hay que ir adaptando la intervención de Fisioterapia, en el estadio leve para evitar el abuso de ayudas físicas y potenciar el equilibrio, tratando de aumentar la motivación para la realización de ejercicio físico, a través de la implantación de rutinas. En el estadio moderado debemos utilizar las rutinas implantadas en el estadio leve, para favorecer el mantenimiento de la independencia física, a través de la repetición de actividades físicas que potencien los automatismos (patrones de movimiento). Por último, en el estadio avanzado, la intervención debe centrarse inicialmente en tratar de suplir en lo posible la falta de movilidad voluntaria, y de forma posterior garantizar un estado físico que favorezca la mayor calidad de vida posible, evitando la aparición y progresión de acortamientos y retracciones así como manteniendo un adecuado nivel de higiene postural.

 

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