Adolfo Suárez, recordando doce años sin recuerdos

Publicado en Canarias3puntocero.info

Hemos estado unos doce años sin saber prácticamente nada de Adolfo Suárez, hasta su reciente fallecimiento. Doce años es la sexta parte de la vida media de una persona europea. Es el tiempo correspondiente a una cuarta parte de la edad adulta-adulta. Y es casi el mismo período que se dedicó a la política.
Si lo pensamos bien, ¡cuán inmensa es la parte de la vida que una persona permanece ligada al mal de alzheimer!

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Doce años en los que Adolfo Suárez tampoco ha conocido y sabido de cómo andaba el mundo. Al menos, nuestro mundo, el que es real para nosotros. Durante ese tiempo, ¿cuál fue su realidad?
Un expresidente del Gobierno español, y probablemente al que la historia le dé el mayor protagonismo y relevancia en casi dos siglos, que vivió una gran parte de su existencia sin tener conocimiento de cómo es, de cómo se transformó y de cómo se politizó un pueblo al que gobernó durante otros 5 años.

En un momento, dejaron de existir las preguntas y las respuestas. Ni de la izquierda, ni de la extrema derecha, ni del centro (bueno, esto no, porque dejó de existir, al menos en política, como si fuese también un olvido).
Cuando empiezan los olvidos es cuando llegan las primeras preocupaciones, las iniciales dudas y las inevitables cuestiones para tratar de saber el porqué ocurre. Entonces, los expertos te dicen o le comunican a los familiares que no hay un porqué y que la cosa no va a mejorar. Nunca. Y que del alzheimer casi nada se sabe y mucho menos conviene hacer especulaciones o crear falsas esperanzas.

Los olvidos se vuelven cada vez más frecuentes, más intensos y se acumulan las repeticiones y las preguntas tan constantes que no tienen un final. Solo enlazan con otra pregunta, o con otra repetición. Así una y otra vez. Hasta que las preguntas ya no se entienden y se convierte en balbuceos o en palabras sin sentido literario.
Piensas en una enfermedad y que, por muy grave que pueda parecer, habrá medicamentos que alivien. Y también te dicen que no.

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Tantas negativas crean pesimismo en el entorno familiar y en el propio paciente de alzhéimer. Es cuando la intervención del neurólogo o del psicólogo se amplía a un mayor número de personas. Los cuidadores también tiene que pasar por el médico. El alzhéimer se convierte así en la enfermedad de los dos enfermos. Uno no podrá recuperarse, y el otro tendrá la obligación de hacerlo para estar bien, sentirse optmista y con la suficiente fuerza física y mental para que la atención al enfermo de alzhéimer sea la adecuada. También serán doce años distintos en la vida del cuidador principal.

Estas, seguramente, fueron las fases de alzhéimer que padeció Adolfo Suárez. O no. Porque en la enfermedad del olvido nada tiene porqué ser igual, no tienen porqué repetirse los síntomas. De ahí que sean tan difíciles las pautas a seguir por los especialistas en la materia.

La España de Suárez apenas conoció los inicios del alzhéimer. Hoy, cientos de miles de familias, como la de Suárez, piden un Plan Nacional de Alzheimer, como ya tienen otros países supuestamente menos avanzados que el nuestro. Ni siquiera en eso el gobierno actual le ha tenido el debido respeto a su enfermedad.
Otros cientos de miles de personas en España están ahora mismo en idéntica situación a la que estuvo Adolfo Suárez. Y así, doce años. O más. O menos. Eso tampoco se sabe. Eso es el alzheimer.

Con mi cariño en el recuerdo a quien los perdió en la etapa final de su vida.

(*) Manuel Negrín Ruiz, periodista y Secretario de AFATE (Asociación de Familiares y Enfermos de Alzheimer de Tenerife)

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